lunes, 6 de octubre de 2014

Religiosidad en tiempos de pantalla

"Lo que no se muestra no se vende" es una máxima de la publicidad que ha estado asociada directamente a productos: pastas de dientes, desodorantes, autos, restaurantes, perfumes, ropa... Pero, aunque sus inicios estuvieron en los productos, esto pasó a aplicarse también a los productos: empresas de seguro, hospitales, escuelas y universidades, incluso funerarias. Estos productos y servicios se han mostrado y se han vendido.

Ya nos acostumbramos a ver a casi todo y a casi todos como "productos". Pero ¿pasa igual con la religión?El solo hecho de la exhibición parece contrario a la religiosidad, a menos a la religiosidad con la que nosotros crecimos, que nos hablaba de recogimiento, de espacios de quietud y silencio, de encuentros personales y privados. Ahora, ¿la religión se hizo producto?


Haga este ejercicio: coloque en Google la búsqueda "Papa Francisco" y dígame cuántas entradas le reporta. En el momento que escribo esta entrada, a mí me reportó Cerca de 311,000,000 resultados (0,51 segundos) .

Sigamos jugando. Ahora busque a otro Papa: Juan Pablo II, otro mediático de su tiempo, el Papa viajero. Mi resultado fue Cerca de 19,100,000 resultados (0,42 segundos).
Las diferencias entre ambos son sustanciales. También era un momento de la tecnología y donde la pantalla, si bien era presente, no era omnipresente. Es casi como pensar en la pantalla como un nuevo Dios, que todo lo mira, lo sigue, lo comparte, lo hace público y, por tanto, hace que exista. Entonces, ¿si Dios no es en la pantalla no es, por lo tanto no se vende?

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