El filósofo, sociólogo y profesor alemán Jürgen Habermas,
cuya obra se orientó a sentar las bases de la teoría social con la que busca
analizar las sociedades del capitalismo avanzado reclama renovar el diálogo
entre religión, filosofía y ciencia, las tres en paridad de condiciones, lejos
de la simplificación de “la simultaneidad de lo asimultáneo” o de pretensiones
monopólicas de verdad.
Habermas se pregunta dramáticamente qué se perdió “cuando
el pecado se transformó en culpa y la falta a los mandamientos divinos se
transformó en contravención de leyes humanas” (Habermas: 2004b, 144)
¿Qué es lo que se perdió? ¿Qué es lo que falta? ¿Qué es
lo que se extraña?: el origen común de la filosofía y la religión, la época
axial en la que la filosofía griega, el budismo y el confucianismo impulsaron
el universalismo en el mundo. Refiere que se ha perdido la capacidad de la
razón práctica de mantener despierta la consciencia de la pérdida de
solidaridad en el mundo y lo que se ha
perdido es la solidaridad misma, aún cuando se proteste y clame contra las
injusticias, la marginación y la exclusión. Afirma que se ha perdido la
voluntad política de trabajar en instituciones y procedimientos para un orden
global reformado e inclusive pacífico: “Sospecho que nada cambiará en los
parámetros de la discusión pública y en las decisiones de los actores políticamente
empoderados, sin la emergencia de un movimiento social que promueva un cambio
completo en la mentalidad política” (Habermas: 2007c, 68)
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